domingo, 10 de septiembre de 2017

Increíbles historias de niños que recordaban una vida anterior

Mucha gente cree en la existencia de vidas pasadas. Te traemos tres relatos asombrosos de personas que regresaron a la vida en el cuerpo de un niño.

Sam, un niño de pelo oscuro, miró a su padre, Ron, y sonriendo le dijo:


—Escucha: cuando yo tenía tu edad, te cambiaba los pañales.

Ron se quedó atónito, pues su hijo aún no cumplía dos años, pero pensó que había oído mal.
Aun así, como Sam siguió haciendo comentarios parecidos durante varios meses, Ron y su esposa, Cathy, se convencieron de algo muy extraño: el niño creía ser su difunto abuelo paterno, vuelto a nacer en la familia. Más intrigados que inquietos, los esposos le preguntaron a Sam cómo había regresado.

—Salí volando por el portal —les contestó el pequeño.

Aunque era un niño precoz (al año y medio de edad ya decía oraciones completas), a sus padres les asombró que usara la palabra portal, y lo animaron para que les dijera más. Le preguntaron si tenía hermanos, y Sam respondió que tenía una hermana a la que habían “convertido en pez”.

—¿Quién la convirtió en pez?
—Gente mala. Ella murió.

Lo perturbador era que el abuelo de Sam en efecto tenía una hermana a quien habían asesinado hacía 60 años; se encontró su cuerpo flotando en la bahía de San Francisco. Entonces Ron y Cathy le preguntaron con delicadeza al niño:

—¿Sabes cómo moriste?

Sam se llevó la mano a la coronilla con un gesto de dolor. Su abuelo había muerto de una hemorragia cerebral un año antes de que él naciera.

¿Existe la reencarnación?

Según una encuesta del Centro de Investigaciones Pew, 24 por ciento de los estadounidenses (más de 75 millones de personas) de todas las religiones creen en la reencarnación; otro estudio revela que una de cada 10 personas recuerda una vida pasada.

En octubre de 2014 un programa del doctor Mehmet Oz trató la “realidad de la reencarnación”, y hoy día se emiten dos reality shows sobre el tema: Ghost Inside My Child (“Un espíritu dentro de mi hijo”), sobre niños que evocan vidas anteriores, y Reincarnated: Past Lives (“Reencarnados: vidas pasadas”), cuyos participantes se someten a hipnosis para descubrir sus existencias anteriores.

¿Por qué esta fascinación? “La reencarnación siempre supone otra oportunidad”, explica Stafford Betty, profesor de estudios religiosos de la Universidad Estatal de California en Bakersfield y autor de The Afterlife Unveiled (“El secreto del más allá”). “El universo toma un carácter misericordioso. Es un gran avance desde la doctrina del infierno eterno

Parte del atractivo de la reencarnación tiene que ver con la promesa que lleva implícita: que podemos ser mejores en nuestras vidas futuras.

La reencarnación es “un fenómeno psicológico fascinante”, dice Christopher French, profesor de psicología del Colegio Goldsmiths de la Universidad de Londres, quien dirige una división dedicada a investigar supuestas experiencias paranormales. “Pero me parece mucho más probable que esas aparentes reminiscencias sean falsas y no recuerdos de experiencias de una vida anterior”. Aun así, pese al interés popular, pocos científicos toman en serio la reencarnación. Les parece un campo lleno de charlatanes, fraudes y cuentos chinos sobre haber sido de la realeza.

Un equipo de la División de Estudios sobre Percepción de la Universidad de Virginia (UVA) lleva más de 45 años reuniendo relatos de personas que recuerdan sus vidas pasadas, y si los investigadores determinaran que esos recuerdos tienen algún viso de verdad, sus hallazgos pondrían en duda la idea de que la condición humana acaba con la muerte.


Mamá, ¡que nostalgia siento!

Entre los casos de estudio de la UVA está la historia de Ryan, un niño de Oklahoma que hace algunos años, cuando tenía cuatro, despertó gritando a media noche. Durante varios meses le había pedido a su azorada madre, Cyndi, que lo llevara a la casa donde “vivía antes”. Llorando, le rogaba que le devolviera su glamorosa vida en Hollywood (en una mansión con piscina y autos deportivos), tan fastuosa que un día dijo:
—No puedo vivir así. Mi antigua casa era mil veces mejor.

Cuando esa noche Cyndi fue a arroparlo en la cama, Ryan no dejaba de repetir “Mamá, ¡que nostalgia siento!”, mientras ella lo consolaba, lo mecía y lo arrullaba.

“Parecía un viejecito que ya no recordaba todos los detalles de su vida. Así de frustrado y triste se sentía”, dice Cyndi. Al día siguiente ella fue a la biblioteca, pidió un montón de libros sobre el viejo Hollywood, los llevó a casa y se sentó a hojearlos con Ryan en el regazo. Esperaba que las fotos lo calmaran, pero al mirar cierto libro él se fue poniendo cada vez más inquieto.

Cuando llegaron a un fotograma de la película de 1932 Noche tras noche, él detuvo a Cyndi. —¡Mamá! —gritó señalando a un actor a quien no se identificaba—. ¡Ese soy yo! ¡El que era antes!

“Me dejó impactada”, cuenta Cyndi. “Nunca pensé; que encontraríamos a quien él creía haber sido”. Pero también sintió alivio. “Ryan me había hablado tanto de su otra vida con mucha tristeza, y ahora teníamos una pista para seguir indagando”.

Aunque ni Cyndi ni su esposo creían en la reencarnación, al otro día ella volvió a la biblioteca y consultó un libro sobre niños que tenían recuerdos de vidas pasadas. Al final había una nota en la que el autor, el doctor Jim Tucker, pedía a padres de niños que estuvieran en el mismo caso que le dieran a conocer sus historias. Cyndi le escribió una carta.

Cazadores de fantasmas

Cuando Tucker se dedicaba a la psiquiatría de niños, tuvo noticia de que el doctor Ian Stevenson, fundador y director de la División de Estudios sobre Percepción de la UVA, investigaba la reencarnación. Sintió curiosidad y, en 1996, empezó a colaborar con la división; seis años después, cuando Stevenson se jubiló, Tucker lo sustituyó como director de investigación de vidas pasadas.

El equipo de la UVA ha reunido más de 2,500 casos documentados de niños de todo el mundo que tienen recuerdos claros de una vida anterior.

Entre ellos está un niño de California de menos de tres años de edad, gran jugador de golf, que decía haber sido el legendario golfista Bobby Jones.

Un niño de cinco años, del medio oeste de Estados Unidos, que tenía ciertos recuerdos y rasgos físicos (ceguera del ojo izquierdo, una marca en el cuello y cojera) en común con un hermano fallecido hacía mucho, y una niña de la India que un buen día empezó a hablar con fluidez en una lengua que nunca había oído. Tucker describe estos casos en su libro Return to Life: Extraordinary Cases of Children Who Remember Their Past Lives (“Volver a vivir: casos extraordinarios de niños que recuerdan una vida anterior”).

Los niños del catálogo de la UVA por lo común empezaron a hablar de su vida anterior a los dos o tres años y dejaron de hacerlo a los seis o siete. “Es la edad aproximada a la que perdemos los recuerdos de la primera infancia”, dice Tucker.

Al enterarse de un nuevo caso, éste se cerciora de que no sea un engaño, intencional o no, preguntándose si los padres parecen confiables y si el niño pudo adquirir los recuerdos viendo televisión, oyendo conversaciones o por otros medios ordinarios.

Si descarta el engaño, él y su equipo entrevistan al niño y a su familia para obtener un relato pormenorizado de la vida anterior. Luego buscan un difunto que coincida con los recuerdos. Esto último es esencial porque, de lo contrario, la historia del niño no sería más que una fantasía.

Casi tres cuartas partes de los casos investigados por el equipo se “resuelven”; es decir, se identifica a una persona del pasado que corresponde a los recuerdos del niño. Además, en casi 20 por ciento de los casos documentados por la UVA, los niños tienen señales o impedimentos físicos que coinciden con cicatrices o lesiones de la persona del pasado.

Cyndi sintió un enorme alivio al saber que el relato de su hijo coincidía con la historia de Martyn. “!No estaba loco!”, dice. “Es cierto que tuvo otra familia”.

Un niño que recordaba haber muerto de un disparo tenía dos marcas (una pequeña y redonda en la nuca y la otra grande e irregular en el párpado izquierdo) alineadas como los orificios de entrada y de salida de una bala.

En el caso de Ryan, el niño que añoraba una vida anterior en Hollywood, una archivista consultó libros en una filmoteca hasta hallar a un hombre parecido al que él había señalado: el representante de actores Marty Martyn, que hizo un papel pequeño, sin figurar en los créditos, en Noche tras noche.

Una vez que Cyndi habló con Tucker, él entrevistó a Ryan, y luego la familia se comunicó con la hija de Martyn. Ella accedió a reunirse con Tucker, Ryan y Cyndi y, junto con algunos registros públicos, confirmó más de 50 detalles de la vida de su padre mencionados por el niño, desde su trayectoria profesional hasta la ubicación y el menaje de su casa.
¡Un avión en llamas!
Tucker supo del más conocido estudio reciente sobre reencarnación por unos productores de televisión. En 2002, al pedirle su colaboración y presencia en un programa sobre el tema que nunca llegó a emitirse, le hablaron de James Leininger, un niño de cuatro años, de Luisiana, que creía haber sido en otra vida un aviador de la Segunda Guerra Mundial derribado en la isla japonesa de Iwo Jima.

Bruce y Andrea Leininger se dieron cuenta de que James creía eso cuando, a los dos años, despertó de una pesadilla gritando “¡El avión se estrelló y se incendió! !El hombrecito está atrapado!” También conocía detalles de aviones de la época impensables en un niño de su edad.

El niño decía que en su vida pasada también se llamaba James, y que despegó de un barco llamado Natoma. Sus padres averiguaron que un portaaviones estadounidense de la época se llamaba Natoma Bay

Por ejemplo, cuando Andrea llamó bomba a una pieza de la parte inferior de un avión de juguete, James la corrigió diciendo que era un tanque de combustible desechable. Otra vez él y sus padres estaban viendo un documental del History Channel y el narrador llamó Zero a un avión japonés. James insistió en que era un Tony. En ambos casos tenía razón.

El niño decía que en su vida pasada también se llamaba James, y que despegó de un barco llamado Natoma. Sus padres averiguaron que un portaaviones estadounidense de la época se llamaba Natoma Bay, y que en su escuadrón había un piloto llamado James Huston, que había muerto en combate en el Pacífico.

James no dejaba de hablar sobre cómo se había estrellado su avión, y tenía pesadillas a menudo. Desesperada, su madre acudió a la terapeuta de vidas pasadas Carol Bowman, quien le aconsejó no descartar lo que el niño decía y, para tranquilizarlo, decirle que eso le había sucedido en otra vida y que ahora estaba a salvo.

Andrea le hizo caso, y las pesadillas de James cesaron. Los Leininger escribieron un libro sobre la historia de la familia, aparecido en 2009.

El profesor French, que conoce el trabajo de Tucker, dice que “el principal problema de [su] investigación es que la mayoría de las veces empieza mucho después de que la familia y los amigos reconocen que el niño es una auténtica reencarnación”.

De James Leininger opina: “Aunque sus padres insisten en que nunca veían documentales de la Segunda Guerra Mundial ni hablaban de historia militar, sabemos que cuando James tenía un año y medio lo llevaron a un museo de aviación, donde al niño le fascinaron los aviones de esa guerra. Lo más probable es que los detalles adicionales le fueran implantados de manera involuntaria por sus padres y por una terapeuta que cree firmemente en la reencarnación”.

Tucker dice que tiene documentadas muchas de las afirmaciones de James Leininger, y que el niño las hizo antes de que nadie de la familia supiera de la existencia de James Huston y del Natoma Bay. French responde que “muchas veces lo que dicen los niños es ambiguo y admite más de una interpretación. Por ejemplo, quizá James dijera solamente algo parecido a Natoma”.

Bruce Leininger, el padre de James, entiende la incredulidad de French. “Al principio yo también era escéptico”, dice, “pero James nos dijo cosas increíbles. Si alguien quiere ver los datos y cuestionarlos, lo invitamos a que examine todo lo que tenemos”. Bruce se ríe de la idea de que su esposa y él le implantaron los recuerdos a James, y comenta: “Intenta decirle a un niño de dos años qué debe creer; no se les puede dar un guión”.

Viva la esperanza

También Tucker sabe que a casi todos los científicos la reencarnación les seguirá pareciendo una idea fantástica, por más pruebas que se les presenten. Para él, el éxito no está en convencer a los incrédulos de que la reencarnación existe, sino en animar al público a considerar el significado de la conciencia y su trascendencia sobre la muerte.

“Creo en la posibilidad de la reencarnación, lo que no es lo mismo que decir que creo en la reencarnación”, explica. “Me parece que en estos casos se necesita una explicación que se aparte de lo ordinario, aunque, efectivamente, eso no significa que todos reencarnemos”.

¿Cree Tucker que en el futuro sus propios recuerdos puedan estar en la memoria de un niño? “Los recuerdos de vidas pasadas no son muy comunes, así que considero que no cabe esperar eso”, comenta. “Lo que sí espero es alguna continuación después de la muerte para mí y para todos los seres humanos”.




Publicar un comentario