lunes, 17 de diciembre de 2012

Dos historias de ángeles.

¿Cuántas veces hemos escuchado sobre personas que han tenido la fortuna de ver un ángel cuando están pasando por una situación difícil o de escuchar la dulce voz de una virgen cuando piden ayuda divina.
Dice la autora de los dos relatos que compartimos: "Algunas de esas historias han llegado a mi conocimiento porque soy una investigadora del tema. Son historias de ángeles, vírgenes y hadas que se han aparecido a personas reales, que conozco.

Desde luego, tú como lector sabrás si creer en ellas o no, pero ten siempre presente que la fe y el amor espiritual son una fórmula poderosa capaz de los milagros más inesperados
".


La historia de Mauro
Durante tres años Mauro fue mi alumno, pero un día cayó muy enfermo, tenía fiebre, vómitos y una gran debilidad. Sus padres ya no sabían a dónde llevarlo, todos los médicos le mostraban diagnósticos diferentes, lo estudiaban y ninguno de ellos acertaba realmente con lo que le pasaba.

Todos hablaban de un virus extraño y lo medicaban sin llegar al fondo del problema.

Mauro languidecía en una cama y sus extremidades enflaquecían al igual que su rostro cetrino y demacrado. Los que lo amaban seguían luchando para salvarlo, buscaban y buscaban un médico o tratamiento que le salvara la vida, pero todo parecía en vano y cada vez se hacía más fuerte la sensación de que a Mauro sólo lo salvaría un milagro.

Su madre fue viendo cómo su hijo se perdía entre fiebres y sudores y hasta deseó que la agonía del niño terminara de una buena vez. En uno de sus recorridos hasta la iglesia se le acercó una vendedora de flores que le llamó la atención por sus arrugas y el aroma que salía de su ropa. La anciana la detuvo y ante su sorpresa le dijo: "No olvides que hay ángeles en tu ventana", y desapareció entre la gente.

La mujer fue hasta la iglesia con la emoción temblándole en la boca y entre las manos el nombre de su amado hijo. Mientras estaba en el templo sintió la enorme necesidad de volver a su casa y entonces pensó lo peor, que Mauro ya se había ido con Dios. Desesperada, abrió la puerta de su casa y corrió a la habitación de su hijo, curiosamente sentía las piernas ligeras como alas de pájaro.

Se detuvo ante la puerta, el silencio la cubrió como un manto y lentamente entró a la habitación, buscó a su hijo con ojos desesperados en la cama. El niño estaba levantado jugando con un camioncito olvidado en el suelo de su cuarto. Al entrar su madre, Mauro levantó su rostro radiante y lleno de salud y le dijo: "Mami, en la ventana hay palomas".

La madre de Mauro se acercó lentamente a la ventana que daba al jardín y a través de los vidrios pudo ver unas plumas blanquísimas en la luz radiante de la mañana. Entonces supo que su hijo se había salvado. Mauro tiene actualmente 28 años y dos hermosos hijos, vive en Buenos Aires.


El ángel de Adriana

Adriana, una adorable mujer de 46 años que no suele asustarse por nada, fue a hacer turismo a las ruinas de Palenque, en México. Se sentía perfectamente y decidió subir a una de las pirámides.

Cuando iba por la mitad empezó a sentir que sus piernas le pesaban mucho y que su cabeza se iba quedando vacía.

Su familia ya había subido y de pronto se sintió muy sola y a la vez pensó que le sería imposible llegar hasta arriba.

Repentinamente alguien la tomó del brazo, la ayudó a sentarse en los escalones y se quedó cuidándola, protegiéndola para que no se cayera. Ella se sintió muy bien y de pronto razonó que su protector era uno de los tantos niños que ayudan a los turistas por unas monedas. Ella se sentía enormemente agradecida y le daría a ese chico la mejor propina de su vida.

Se sintió muy bien para seguir hacia arriba y le pidió al niño que la acompañara. El muchacho le contó que se llamaba Gabriel y la acompañó amorosamente hasta que Adriana se encontró con su familia.

Cuando ella se dio vuelta para agradecerle y darle unos dólares, el chiquillo ya no estaba. Adriana y su hija lo buscaron entre la gente, pero había desaparecido. Luego las dos supieron dentro de sus corazones que el niño era un ángel y que solamente había acudido a salvarla. Actualmente Adriana continúa sus investigaciones sobre ángeles en Argentina.

Laura tenía muchos pacientes, eran niños, y ella era una de las mejores pediatras de un afamado hospital. También sus niños eran enormemente especiales, eran oncológicos y sensibles, tiernos, adorables y finales. Niños que estaban en el extremo de todo, pero en cuyo interior todavía brillaba la luz de la vida.

Una noche, la doctora Laura se quedó de guardia; no le tocaba, pero decidió quedarse: el pequeño Matías había empeorado en las últimas horas y con el profesionalismo que la caracteriza decidió aplicarle un nuevo tratamiento y quería ver los resultados. Hacia las cuatro de la mañana el niño se había estabilizado y Laura se le acercó para monitorear su respiración, que en ese momento era suave y muy calma.

Una mujer estaba al lado del niño, lo que llamó la atención de la doctora, pues había mandado a sus padres a la casa. La mujer acarició al niño y luego tocó dulcemente una de las manos de Laura. Cuando la señora salió, Laura comprobó que Matías estaba mejor que nunca y su corazón se alegró por primera vez en muchos días.

-Mati, ¿quién era esa señora?

-Era la Virgen María, doc, que siempre viene a visitarnos…

Me lo contó la doctora Laura Polievsky, de familia polaca y judía.














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